Colonia del Sacramento - Uruguay
 

Nuestra idea era pasar todo el día del lado Uruguayo y volver a la noche. Con el boleto y un dinero extra, pudimos subir con las bicis, en la bodega del ferry, donde van los autos.

Claro que al llegar, fuimos los primeros en bajar del ferry. Arribamos poco antes de las 9.00 hs de la mañana. Paseamos un poco por la ciudad de Colonia, que es un lugar muy pintoresco y turístico. Nuestro objetivo era llegar al próximo balneario ubicado a 27 kilometros de colonia. Tomamos la ruta 1 hacia la derecha, como yendo para Montevideo, la ruta es segura, y esta bien pavimentada. Luego entramos en un bosque que rodea Santa Ana, lleno de  los eucaliptus, los caminos entre los pinos y tranquilidad. No vimos mucha gente por esa ruta, y menos en bicicleta. Después de 2 horas de pedalear tranquilos y disfrutando el paisaje, llegamos al balneario.Hay pocas casitas sobre las barrancas frente al río.

Algún que otro parador y un baños públicos. Estaba semi vacio el balneario, con arenas blancas y firmes. Aguas calmas y descontaminadas, exactas para nadar. Unas cuantas brazadas y juegos en el agua. Después almorzamos unas hamburguesas en uno de los paradores. Los precios son económicos. Para bajar la comida, caminos por la playa hasta llegar, de casualidad, a una hermosa cantera de piedras (quince metros de profundidad).

El agua es cristalina, y en el fondo se podían ver muchos peces. Había varios chicos haciendo piruetas y saltos ornamentales, lanzándose sobre las enormes rocas. Según me contaban, ese lugar lo usan para bucear y dar los exámenes de Padi, sobretodo grupos de Argentina, ya que es ideal para esta práctica. Nos regresamos a buscar nuestras bicicletas que las dejamos aseguradas a un árbol de la playa. Retomamos nuestro camino de regreso, hasta llegar al Ferry de las 19 hs, no queríamos perder el boleto, ya que si lo perdíamos deberíamos quedarnos hasta el siguiente día. Una vez dentro, visitamos el free shop del ferry, que es libre de impuestos y nos compramos un cartón de cigarrillos, un perfume importado y unas artesanías de Uruguay. Nos acomodamos en nuestros asientos, del lado de la ventana, apreciando el inmenso rio de la Plata, tomando un cafés que compramos en el bar del ferry, y soñando con volver a realizar la misma travesía. Ya era de noche, cuando alguien nos despertó, diciendo, ¡ya llegamos, estamos en buenos Aires!

Fuente:http://www.viamedius.com/