Playas, comida y tiendas - Tenerife
A mi alrededor no dejaban de repetirme que el tiempo me ayudaría, porque según dicen el tiempo cura las heridas. Pero los días pasaban y mi dolor seguí ahí.
Decidí que no podía seguir asi, necesitaba un cambio de aire y para eso, nada mejor que emprender un viaje. No sabia a dónde, comencé a bucear por la web, a buscar destinos y reserva hoteles.
Casi sin quererlo ya había decidido dónde desembarcaría; Las Islas Canarias serían mi destino, después de dudar un poco, opté por Tenerife. Allí encontré un bonito hotel cerca del mar que parecía ser un lugar que me ayudaría a vivir este duelo del corazón.
Mientras realizaba los preparativos para el viaje, ya comenzaba a sentirme mejor; sólo necesitaba algo en qué ocupar mi tiempo, algo que me interese y que me movilice. Este viaje reunía todas esas cualidades.
A pocas horas de viajar entendí que no es el tiempo, sino el amor el que cura las heridas. El amor propio y las ganas de salir adelante me estaban curando el corazón.
Mientras armaba mis maletas, aproveché la oportunidad para desechar todas esas cosas que me traían recuerdos, ahora dolorosos. Así es como cartas, regalos y recuerdos quedaron en penitencia en el bote de la basura.
Al arribar a Tenerife supe que mi elección había sido la adecuada. Casi rutinariamente, durante varios días me levantaba temprano, desayunaba en el hotel algo de fruta y café. Apenas concluía con eso salía para la playa que estaba muy cerca del hotel. El agua turquesa y la arena suave que se calentaba con el sol de la mañana, era un escenario ideal para leer un buen libro.
Fuente:http://www.eviajado.com