Brasil - Recife
De muchos días atrás y de un encuentro que sentimos inconcluso acorde con
mi amiga jenny, de Bogotá Colombia que deberíamos vernos de nuevo en este
periplo. Fue un encuentro del que aprendí mucho, un encuentro que trajo
múltiples sorpresas y por sobre todo que trajo tranquilidad que en estos caminos
es la felicidad.
Abrí las puertas a este encuentro ya que con esta mujer es con una de las pocas que puedo encontrarme de la manera en que me gusta hacerlo, encontré en ella a una amiga. con ella puedo hacer a plenitud varias cosas en las que me siento pleno cuando encuentro con quien compartirlas; caminar y conversar, lo otro es añadidura, el afecto, la buena comida y la gustosa bebida. ahora bien, no hay que olvidar que esto es viaje y el andar hace parte de todo. la particularidad aquí fue la compañía para hacer todo esto, en este caso tuve una compañía óptima, pero la relfexión que me viene es sobre lo que significa conocer bien una ciudad. Siempre he sido un hombre que se conforma con lo sencillo y he pensado entonces que conocer bien una ciudad es caminarla bien, las ciudades se me pasan cuando no las camine y las pude haber vivido por los pies, si no que se me fueron en las ruedas de la bici viéndolas desde la carretera o encerrado en algún lugar. Recife no defraudo y muy por el contrario cautivo. Su parte antigua sigue latente, la pregunta siempre será por el pasado, por el funcionamiento de esa estructura en antaño. había que ir despacio y mirar las fachadas de esos edificios viejos que se resistieron a morir y bueno, claro esta, una que otra administración que supo mantenerlos en pie, difícil acabar con la memoria de Recife. había que mirar bien arriba, allá donde se encaramaba la historia de esos edificios, también se tenia que sentir el piso viejo en piedra, todo iba lento allí, a la manera en como se debe viajar.
En los muchos días que estuve allí no hubo día en que no encontramos una calle nueva y donde el ritmo de este Brasil musical lo contajiara todo hasta encontrar la otra esquina donde se ofrece ropa y calzado y el hombre que tiene el micrófono mientras hace todo esto, canta también. así es este pueblo hecho de ritmo. Lo otro de Recife es su historia, sus numerosos puentes que conectan cada punto de la ciudad, cada uno de ellos como conexión para ir a mirar otra cara, para ver el otro lado del espejo. Cada puente tiene su tiempo y su historia, tiene su placa y sus moradores, os hay solitarios y también concurridos, pero en todos, por debajo, va ese río negro y tristemente mal oliente que va caminando lento hacia el mar.
En el marco Zero que es de donde parte todo más allá del otro lado presientes el mar y tienes que ir en busca de él y la otra cara de la ciudad, la de las otras postales con hoteles en venta y playas atestadas de gente, meticulosa mente cuidadas para que más gente venga a ellas, hasta una artificial barrera de contención para las olas puede verse desde la arena. yo que también habite la arena con mi traje de turista, felizmente pase por uno nacional, pude ver la vivencia como hace tiempo no la sentía, picar cuanto alimento local se atraviese por delante y sentirse como uno más dentro de la manada, eso esta bien.
Fuente:http://www.viamedius.com