China - Kunming
Y todas están llenas de cientos de peregrinos. Dicen que quien es capaz de subir Tai Shan alcanzará la eternidad; en otras versiones, vivirá más de cien años.
Por el camino encontrábamos viejecitos, hombres y mujeres, subiendo apoyados en bastones, y nos admirábamos de su resistencia. Una de las ancianas, con la cara surcada de arrugas y un gorro de lana negro en la cabeza, nos dijo que tenía ochenta años (¡). Suerte que aquel día del mes de mayo no hacía nada de calor; más bien lo contrario, de vez en cuando soplaba un viento helado que casi era de agradecer. Cerca de la cima nos envolvió una niebla densa que nos impedía ver el final y distinguir los escalones dos metros hacia delante o hacia atrás.
Tardamos unas cuatro horas en realizar la ascensión, que era lo que nos habían dicho, más o menos. Hacíamos breves paradas para recuperarnos, para hacer fotos o contemplar como las escalinatas serpenteaban empinada hacia la cima de la montaña, salpicadas de puntos de colores que eran cientos de chinos. Subían grupos de jóvenes, y familias enteras con niños pequeños que se cargaban los padres a la espalda. Algunos hasta fumaban mientras subían peldaños. Casi todos jadeábamos. Lo más digno de admirar eran los porteadores, que con una madera flexible al hombro acarreaban sacos de carbón, bebidas o piedras hasta los templos que había por el camino o hasta arriba de todo. Las grises piedras eran dos bloques cuadrados enormes, atados a cada extremo del madero que llevaban al hombro. Debían pesar mucho porque se les tensaban todos los músculos del cuello, y les caían goterones de sudor de la frente, a pesar del aire frío.
Al llegar a la cima vimos que se acumulaban cientos de piedras grises para construir algo. Eso representaba cientos de miles de viajes de los porteadores para subir todo el material. Era –eso, y todas las escaleras de la montaña- una obra de chinos. Desde la cima se habían ofrecido sacrificios al cielo y la tierra en otros tiempos; pero el mayor sacrificio tenía la forma de aquellas escalinatas y aquellos templos que jalonaban el camino, construidos con el esfuerzo de miles de chinos.
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