Grecia - Kalispera
 

El color de sus aguas azules se hace indescriptible: por momentos azul profundo oscuro; por momentos clarea por aquí y allá en verde aguamarina, pero en todo caso qué  azul es este cielo y este mar: azul líquido de cielo y de agua., como el haiku de  Paraskevás Parasoulos:"Sto dikó tu blé  jora  enas uranos ke mia zalasa    En su azul región un cielo y un mar.
Interrumpe mis divagaciones cromáticas una voz falsamente modulada: el comandante nos informa de que vamos a tomar tierra en el Aeropuerto internacional de Elefzerios Venizelu de Atenas, en el que hace una temperatura de lo más agradable para estas fechas invernales y de que tenemos que añadir una hora más a nuestros relojes.

El pasaje se impacienta; se ven más caras pegadas a las ventanillas. Muchos buscan ver la Acrópolis, como si de un faro que guiara a los aviones hacia Atenas se tratara.  Ni Mucho menos. Ya era bastante la contaminación medioambiental de la ciudad, y los seísmos para el maltrecho Partenón sin contar con el queroxeno  y las perniciosas vibraciones que los aviones ocasionaban sobre el monumento. El tráfico aéreo sobre la ciudad fue hace ya tiempo suprimido y hay que recorrer unos 33 km hasta el centro . Toca esperar un poco más para verlo recortado sobre la gran Roca de la Acrópolis.

Lo que sí verás  a lo largo de la carretera que serpentea al borde del  monte Himeto ( famoso por su miel ya desde antiguo) es una inmensa explanada blanca urbanizada que se extiende como espuma  entre el mar y  la cadena montañosa, sin un metro cuadrado libre si no es el necesario para las pistas de aterrizaje del aeropuerto. Al otro lado, sin embargo, el urbanismo es casi nulo y aún abunda en tierras de cultivo. Kilómetros y kilómetros de casitas blancas y bajas , como requiere la seguridad de una zona  sísmica como ésta y con sus techos sin tejados a dos aguas, propios de zonas de escasas precipitaciones.  Si bien la expansión primera que sufrió Atenas en las décadas de los años 50 y 60  dejaron una secuela de crímenes arquitectónicos no peores que los que se cometieron en nuestro país por las mismas fechas, la urbanización que ha sufrido en estos últimos años y por esta zona, puede considerarse modélica y de bastante buen gusto. Por supuesto se trata de una zona  residencial, claro está, nacida a expensas de esta bonanza económica vivida en toda Europa y de lo que  también fue la “burbuja inmobiliaria” griega. Nihil novi sub sole, decían los antiguos. El autobús de  Apóstolos ha venido a recogernos y el viaje a Atenas se desarrolla entre saludos y parabienes: le pongo al día sobre nuestros conocidos comunes y sus situaciones familiares y personales.

Aquí en Grecia, el tema de la familia y la “parea” (los amigos)  son cuestiones de primerísimo orden. No es por cotilleo, ni por dar conversación. Realmente es un síntoma de lo que ellos consideran hospitalidad. No te extrañe, viajero, si el taxista de turno  que te lleva a Atenas, te cuenta vida y milagros de su mujer o de sus hijos. Y date con un canto en los dientes si, en medio del viaje, no coge el móvil y se pega una buena charla con algún pariente o amigo.

Fuente:http://www.viamedius.com