Detalles coloridos de un viaje a Jerez
 

Lo que hubiese dado, todos estos años, por volver al Bar Juanito y poder pedir un plato de esos; pero no podía hacerlo.

No obstante, a contramano de lo que todos pueden creer, en aquel viaje, además de comida, también hubo distracción, belleza y distinción.

Me gustaría contarles que Jerez, en realidad Jerez de la Frontera, es un municipio español situado en la provincia de Cádiz, comunidad de Andalucía y que, había decidido instalarme ahí por unos días, debido al asma que me tenía a mal traer.

Había escuchado que, aquellos que sufren una enfermedad como la mía, deben (debemos) acercarnos a un clima mediterráneo, a sectores más templados.

No lo consulté demasiado y, creyendo estar en lo correcto, partí hacia Jerez. Luego iría a saber que también es un sitio de mucha humedad, y la humedad es el enemigo mortal de mi asma.

Más allá de esta anécdota, necesaria para mi cuento, el resto fue todo disfrute. Empezando por el divino colectivo color rosa que, cada día, me tomaba para recorrer la ciudad.

Para algunos puede resultar menor, pero a mí me parecía un detalle de lo más pintoresco; y ahí iba yo, subida en mi carroza color rosa.

Un día lo reservaba para hacer una visita a la Catedral y a todos los recintos eclesiásticos. Al otro, me decidía a visitar todos los palacios y las casas señoriales.

De este paseo, el sitio que más recuerdo es el Palacio de Bertemati, con sede allí desde 1758; y lo recuerdo porque me llamó gratamente la atención aquel balcón extraordinario que captaba la visión de todos los que desfilábamos por allí.

Fuente:http://www.eviajado.com