India - Bombay - Udaipur
 

Aunque vista la organización que parece imperar (equipaje amontonado por el suelo sin ningún cuidado ni orden aparente) da un poco de miedo realizarlo con tanta antelación, al final nos decidimos a hacerlo ya que nos informan de que no hay consignas donde dejar las maletas y nuestro objetivo es aprovechar esas horas para ver algo del centro de la ciudad.

La facturación es rápida. Nos despedimos de nuestro equipaje, no sin cierta inquietud, y nos dirigimos a la sala de espera donde aguardar la llegada del autobús gratuito que lleva a la Terminal Domestica. Una vez allí, en teoría, estaremos a unos 10 o 15 minutos andando de la estación de tren.

La espera es larga, unos tres cuartos de hora en una sala donde van amontonándose pasajeros de todo tipo, turistas desorientados, viajeros locales,... Al fin llega el autobús, servicio del propio aeropuerto, y sorprende verlo: asientos rotos, cables por fuera, techo descolgado... Comenzábamos a cambiar la forma de pensar: ¡estamos en India! Mientras cumpla su función de llevarnos nada importa. Estamos empezando un viaje a un país muy diferente al nuestro y lo mejor es cambiar la mentalidad y adaptarse con rapidez a las nuevas condiciones.

El trayecto es corto, pero al ser nuestro primer contacto con el exterior comenzamos a verlo todo con fascinación...¿que nos esperará?  Bajamos del autobús y comienzan a ofrecernos medios de transporte alternativo: ¡Taxi! ¡Tuc, tuc! nos gritan desde sus vehículos. Hacemos caso omiso al ofrecimiento, nuestra idea es ir a pie hasta la estación de tren.

Previamente decidimos entrar en la Terminal Doméstica para cambiar dinero en la oficina de cambio. Antes de entrar al edificio hay policía pidiendo el pasaporte y la tarjeta de embarque. Cambiamos doscientos Euros por su equivalente en Rupias, un gran fajo de billetes, y nos disponemos a salir de nuevo al exterior. Al llegar al control de policía  decimos que vamos a salir y nos dicen que no, que una vez que entras al Aeropuerto (ojo, no a las salas de embarque, sino al edificio en sí) no se puede salir. Le explicamos que solo entramos a cambiar el dinero porque nuestro vuelo no sale hasta once horas mas tarde y le sonreímos diciéndole que nos interesa salir a ver la ciudad. No se lo piensa, nos devuelve la sonrisa y nos deja salir.

Tratamos de orientarnos con un plano de nuestra guía de viaje, pero resulta inútil... ante nosotros se presentan innumerables calles sin nombre que hacen imposible la tarea. Lo más sencillo nos parece preguntar a los transeúntes e ir tomando referencias para poder deshacer el camino a la vuelta. Comenzamos a preguntar y o no nos entienden o nos indican alguna dirección errónea, puesto que pasa el tiempo y seguimos sin dar con la estación. Aquí comenzamos a entender las advertencias que habíamos leído sobre que un hindú prefiere indicarte un camino incorrecto, antes que admitir que no conoce una dirección. Sentimos que debemos estar cerca, pero no damos con ella.

Fuente:http://www.viamedius.com