Ibiza - amor y paz
Mi hijo se quedó perplejo. En principio, pensé que lo había sorprendido que, un matrimonio llevase a su hijo tan chiquito, a una playa llena de jóvenes.
Pero luego pude entender, que se estaba enterando que sus padres habíamos sido (éramos en un rincón de nuestro corazón) hippies.
Tantísimas veces le habían hablado del Mayo Francés en el colegio, de Woodstock y del flower power. En muchas ocasiones había tenido que buscar información sin saber que, muy cerca, podía encontrar testimonios directos, fuentes fidedignas.
Él nunca habría imaginado que esta mujer, que soy yo, su madre, de eterno guardapolvo, alguna vez había usado oxford, chaleco de lana, bincha en la cabeza; había fumado marihuana, recolectado frutos perdidos y había pedido el color de la paz.
Y que su padre, de histórico traje negro, era un renegado del sistema y cortaba tela, para sacar varios pañales de unos pocos metros.
Ante su estupor y su silencio, empecé a contarle de ese viaje determinado a las Islas Baleares, a Ibiza, a orillas del Mediterráneo.
Para ese momento, nosotros éramos jóvenes nómades viviendo en comunidad. Yo había quedado embarazada y lo había tenido a él, en uno de los puntos en los que habíamos decidido armar nuestras tiendas.
Íbamos camino a Ibiza, en ese entonces (década del ´70), punto de referencia de los jóvenes hippies; por su potencial místico, por la visita de célebres representantes de la cultura insurgente y por la posibilidad de subisitir en base a los recursos de pesca y agricultura.
Sabíamos que llegarían, al mismo tiempo que nosotros, los integrantes de Pink Floyd para dar un concierto en el mítico bar de la isla. Y allí esperábamos ansiosos.
Yo, con mi pequeño hijo, creciendo entre la naturaleza y los deseos de cambiar un mundo de violencia, y el resto cuidando también de él.
Esa foto fue sacada allí, a la orilla del Mediterráneo; mi marido mirando al bebé, yo mirando a mi marido, y el bebé mirándome a mí
Fuente:http://www.eviajado.com