Cuba - el paraiso de playas
 

Son 5 horas desde la capital cubana hasta el extremo más occidental de la isla: la península Guanahacabibes, Reserva de la Biosfera declarada por la UNESCO en 1987. El largo trayecto apenas se nota, en parte por el paisaje maravilloso de la provincia de Pinar del Río. Nadie piensa en las comodidades que ha dejado atrás. Mientras el ómnibus avanza por la autopista los jóvenes que integran los diversos grupos aprovechan para compartir y perfilar como será su vida los siguientes 15 dias en los campamentos rústicos de las playas de la península. Muchos vienen por segunda, tercera o cuarta ocasión, pero parece su primera vez a juzgar por el entusiasmo.

Hacemos una pequeña parada para almorzar y recoger parte de la alimentación que provee el CIM y continuamos hasta llegar en la tarde a La Bajada, punto desde donde seguiremos al día siguiente a las playas correspondientes.

En la delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente los guarda parques nos ofrecen una explicación detallada sobre el lugar.

Playa Antonio.

En la mañana siguiente nos distribuyen en 7 playas a lo largo de la cola del caimán, como se le dice a esta porción del territorio cubano. Playa Antonio nos tocó . Corre a lo largo de un farallón y con una abundante vegetación de palmeras.

Leslie y Olivia reciben la información de temporada de los voluntarios a quienes relevamos. A mi me tocó “desembarcar” y trasladar los pesados bultos a través de unos 20 metros del afilado “diente de perro” y bajarlos hasta la playa mientras Joycie iba en busca de algunas pertenencias olvidadas en una playa cercana en temporadas anteriores.

Poco a poco nos fuimos adueñando del lugar. Al medio día ya estaba encendida la “cocina” y montadas las carpas. Un montón de objetos personales comenzaron a “esparcirse” por el área.

En la tarde nos visita Tito, un ejemplar macho de iguana, malcriado y habituado a alimentarse en el campamento. Impresionante el bicho, pero inofensivo.

Allí no se sintoniza ninguna estación de radio nacional, solo de vez en cuando “entra” alguna del cercano Yucatán. Sin electricidad y con la plaga de insectos (mosquitos y odiosos “jejenes”) dándonos una calurosa bienvenida, al anochecer ocupamos las carpas después de haber degustado la primera de las cenas que tendríamos día a día, junto al mar.

Fuente:http://www.viamedius.com